9 ene. 2017

JESUS MARÍA 2017: SUSPIROS, ALARIDOS, EN UNA NOCHE ROMÁNTICA



Los Nocheros, que festejaban 30 años de carrera y, sorpresivamente, se presentaron muy temprano, y Luciano Pereyra, que saltó a la madrugada, fueron las dos puntas de un lazo de seducción.

Parecía que la estela de suspiros tempranos que se llevaron Los Nocheros había dejado las respiraciones exhaustas, pero nada de eso: tanto renovaron el aire los pulmones que cuando Luciano Pereyra colgó su cuadro en el portal de la madrugada, fueron bocanadas de alaridos los que erizaron la humedad del ánimo de Jesús María.
En el variopinto universo que cabe en los festivales, el frenesí romántico tiene algunos episodios electrizantes. Las protagonistas del juego son mujeres _de al menos un par de generaciones_; como las de anoche, que acudieron a soltar sin prejuicios sus ganas de declararse seducidas por artistas del corazón. Todo por hacer vibrar el momento.
La noche del domingo arribó con presentimientos de llovizna, pero igual una elocuente multitud se abrió un lugar bajo el cielo. A la medianoche se contaban 12 mil entradas vendidas, aunque poco menos que un tercio acababa de llegar, es decir, se había perdido a Los Nocheros.
El grupo salteño tenía un gran acontecimiento que celebrar junto a su público: 30 años de trayectoria. La sorpresa fue que salieran a las 21, es decir, una hora antes del tiempo televisado. El argumento que dieron en conferencia fue que querían cumplir con la gente que llegaba temprano, y descartaron otras motivaciones.
La cuestión es que allí estaban, temprano sí, pero con una gran multitud en la tribuna que tal vez apuró sus pasos enterados de la novedad. 
Y estaban bien enteros, potentes como siempre, con esas voces que cuando se suman alcanzan una sonoridad penetrante, no sólo por la afinación sino por el timbre que dan juntas, y eso tienen que ver con la originalidad de una reunión vocal, algo imposible de calcar.
“El tiempo se pasó volando”, dijo Mario Teruel, con esa vieja manera de sentir asombro frente a la obviedad de algunas cosas. Y claro que no son los mismos, no sólo porque Álvaro Teruel reemplazó a Jorge Rojas hace 11 años, sino porque han buscado y encontrado otros sonidos. 
Ahora confían buena parte de su estética al modo estridente de una guitarra eléctrica con vocación de rock, e incluso a cierta experimentación como la que se saca de un bandoneón conectado a un sintetizador.
Tocaron las viejas canciones de romanticismo extremo y efectista, y algo del cancionero folklórico que tan bien conocen, en esa ambivalencia de sentidos que los ha caracterizado. 
Tal vez sirva como retrato la notable versión que hicieron de Alfonsina y el mar (Ariel Ramírez y Félix Luna): hubo un momento, sobre todo al final de los estribillos, en los que la voz de Rubén Ehizaguirre alcanzó un punto de gran estremecimiento (aun con efecto de cámara). Mientras tanto, en la pantalla del fondo, se proyectaban imágenes de una chica vestida de rojo junto al mar que mostraba una manzana parecida la del pecado, es decir, un innecesario acto de banalización de lo que se canta.
Interrumpieron el show para dejar lugar a la ceremonia de apertura de la noche y el comienzo de la televisación. Siguieron veinte minutos más, con el favor claro del público.
Para llegar al otro gran hito de la programación había que alcanzar las dos de la madrugada. Entretanto, pasaron Los Cuatro de Córdoba, siempre necesarios en su acto de afirmación de un modo de cantar cordobés. También, un enorme y emocionante cuadro de bailarines, chicos y grandes (Compañía de Danza Norte Folklore), en el campo de la doma como un tributo latinoamericano. En el escenario, acompañaba con fuerza la banda La Bifurca.
Luciano Pereyra fue recibido con el viento de gran alarido general, que a poco de andar, cuando se dio vuelta y meneó la cola, se convirtió en un huracán. Tan intenso era el juego de seducción que hasta tuvo su pequeño puesta en escena con un diálogo con las chicas convertidas en una, en el que el cantante prometió una noche de hotel y final con desayuno en la cama incluido. Entonces, los gritos fueron capaces de subir todavía más sus agudos.
El muchacho de Luján tiene un registro poderoso y navega con facilidad por las notas. Sostenido por una banda muy solvente, pasa por cumbias, chacareras, huaynos y la gente lo sigue con fervor, pero se derrite especialmente cuando se planta en melódico, sobre todo cuando canta Dos mundos, el tema de la telenovela Los ricos no piden permiso que le ha dado nuevos bríos a su figura. No navega en aguas profundas, ni estéticas ni temáticas, pero no parece importar demasiado.
La próxima noche de los suspiros marcada en el calendario de Jesús María vendrá el miércoles: entonces, el novio de la multitud será Abel Pintos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario