26 jul. 2017

"LA MITOMANÍA EVITISTA"



El 9 de agosto de 1952 se conoció una singular iniciativa: que Resistencia sea rebautizada Eva Perón. 

Decían que debía ser así “para que perdure en la mente y labios de todos los peronistas el nombre de la infatigable esposa del General, que dio la vida por su pueblo”.
Para entonces el Chaco ya se llamaba Presidente Perón, y los chaqueños no eran chaqueños sino “peronenses”.
Un funcionario peronista de esos tiempos le dijo a este historiador que la razón por la cual al Chaco se le cambió el nombre fue porque “no había felicidad en llamarse Chaco”.
La iniciativa de poner su nombre a la capital provincial fue una de las miles de delirantes situaciones generadas por la muerte de Eva Perón, el 26 de julio de 1952.
Un espectáculo jamás visto
Eva, a través de la Fundación que llevaba su nombre, que funcionaba como un Estado paralelo al Estado, creó el mito de Perón. Ahora le tocaba a Perón crear el mito de Eva.
Por eso puso todo lo que consideró necesario poner para hacer del velatorio de su mujer un acontecimiento que fuese algo jamás visto en la historia del mundo.
Un historiador lo recordó así:
“Si algo tuvo de fastuoso y colosal el régimen peronista fueron los funerales de Evita, algo nunca visto en América, ni siquiera con la muerte de John F. Kennedy en 1963, y la del propio Perón en 1974.
El mundo contempló azorado un acontecimiento que parecía extraído del Egipto de los faraones o de la Roma de los Césares, ya que superó incluso el entierro de papas y otros soberanos, aún de los más grandes y poderosos de la Tierra”.
El velorio duró catorce días. Para filmarlo, la Subsecretaría de Información Pública contrató a un cineasta norteamericano, y la 20 Century Fox difundió el filme a todo el mundo.
Diecisiete mil soldados de las tres Fuerzas Armadas escoltaron el traslado del embalsamado cuerpo al Congreso. El gigantesco desfile fue acompañado por una salva de 21 cañonazos y por el sonido de trompetas ejecutadas por músicos del Ejército.
Tampoco se vio nunca un espectáculo semejante al del acompañamiento de sus restos hasta la CGT, donde quedaron depositados.
¿Para purificar el paraíso?
Un legislador porteño dijo que Eva Perón se había ido al cielo “para purificar el paraíso”.
Las radios solamente pasaban música sacra, como antes se estilaba los Viernes Santo.
El duelo duró un mes, lapso en que el país estuvo sumido en un silencio propio de un cementerio.
El uso del luto era obligatorio para todos los empleados públicos y escolares en general.
Cada noche, las radios anunciaban que eran las 20:25, “hora del paso a la inmortalidad de Eva Perón”
La senadora Hilda Nélida Castineira comparó a Eva Perón con figuras históricas como Catalina la Grande, Isabel de Inglaterra, Juana de Arco, e Isabel de España.
El diario Democracia afirmó que “la única voz que tuvo una resonancia igual a la de Evita fue la voz de Jesús”.
Se vendían estampas de la Virgen con la cara de Eva Perón. Otras estampas la mostraban como una santa rodeada de ángeles ciñendo una aureola en su cabeza.
El diputado nacional Alfredo Fontana presentó un proyecto proponiendo que se hagan parpadear las luces de todo el país, todos los días al llegar la hora 20:25.
La diputada Juana Alicia Espejo presentó otro proyecto de ley propiciando que se pinte en la cúpula del Congreso un cuadro sobre “la glorificación de Eva Perón”.
El Sindicato de Trabajadores de la Alimentación mandó un telegrama al papa Pío XII  pidiendo su canonización.
La Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalizados (ATLAS), cuya sede central estaba en Argentina, también pidió su canonización, y también que sea declarada santa de todos los trabajadores americanos.
Se fundó la Orden Justicialista “Hermanos de Eva Perón”, cuyo objetivo era “despejar las mentes de pensamientos duros”.
Los platenses se despertaron el 9 de agosto de 1952 con la novedad de que La Plata ahora se llamaba Eva Perón, y que sus más populares equipos de fútbol ahora debían denominarse Gimnasia y Esgrima de Eva Perón y Estudiantes de Eva Perón.
Ello, sin perjuicio de que la provincia de La Pampa también ya se llamaba Eva Perón.
Por ley 14.126 se impuso el libro La Razón de mi Vida, escrito por el periodista español José Peñeralda de Silva pero publicado con la firma de Eva Perón, como texto obligatorio para los alumnos de quinto y sexto grado de la escuela primaria.
Para el primer grado inferior se lanzó el libro “Evita”, de Graciela Albornoz de Videla, con lecturas como estas: “¡Es linda mi escuela!. Se llama Eva Perón”, “Mamá y papá me aman. Perón y Evita, nos aman” y “Nuestra Patria es un nidito, nuestra Patria es un hogar, los chiquillos, hermanitos, ¡y es Evita la mamá!”.
Los alumnos de primer grado recitaban: “Tengo, tengo, tengo/ tú no tienes nada/ yo la tengo a Evita/ Santa y Adorada”.
“Santa Evita”                                                   
En realidad, la desaforada mitomanía evitista ya venía de cuando ella todavía estaba viva. Su nombre ya venía siendo exaltado en todo momento y lugar.
Ya en vida de Eva Perón pocas cosas había en la Argentina que no llevaran su nombre. No se escapaba ni Biblioteca de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. El culto a su personalidad rayaba el límite de la cordura y del hartazgo.
Junto con “La Razón de mi Vida” circulaban otros libros escritos para glorificarla.
Cinco de esos libros, los más conocidos, se llamaban “Evita. Alma inspiradora de la justicia social en América”, “Eva de América”, “La Madonna de los Humildes”, “Semblanza heroica de Eva Perón” y “La mística social de Eva Perón”.
Era llamada “Hada Maravillosa”, “Primera Samaritana”, “Consuelo de los Humildes”, “Dama de la Esperanza”, “Abanderada de los Humildes”, “Puente de amor entre Perón y los descamisados”, “Primera trabajadora de la Argentina”, y “Reina del Trabajo”. Después de morir le agregaron el título de “Mártir del Trabajo”.
Propusieron su nombre para el Premio Nobel de Literatura por el libro La Razón de mi vida. La iniciativa fue rechazada por la Academia Argentina de Letras, y los directivos de esta prestigiosa institución académica fueron expulsados.
El Congreso Nacional la declaró Jefa Espiritual de la Nación, y alegando que “el pueblo de San Martín ha resucitado en el pueblo de Perón” también le entregaron nada menos que el Collar de la Orden del Libertador General San Martín.
El día 18 de octubre, que hasta 1951 era “Día de San Perón”, pasó a ser “Día de Santa Evita”.
La presentaron como una heroína que luchó a brazo partido contra los hombres para arrancarles el derecho de la mujer a votar. En realidad, el voto femenino ya estaba incluido en el Primer Plan Quinquenal bajo el título “Proyecto de Ley N° 5”.
Pero donde definitivamente reveló su falta de humildad fue cuando, semanas antes de morir ella misma aprobó la construcción de un colosal monumento, en su homenaje.
La “abanderada de los humildes” quería que su monumento fuera el más alto del mundo, y que incluyera un cajón de plata de cuatrocientos kilos para el descanso de sus restos.
La Estatua de la Libertad en Nueva York tiene una altura de 96 metros; su monumento debía medir 137 metros y su estatua, de mármol, una altura de 60 metros.
Mirando las cosas desde el punto de vista de la verdadera historia, se la ve a Eva Perón como una figura definitivamente fantasiosa.
Ni siquiera es verdad que nació en Junín el 7 de mayo de 1922. Nació en Los Toldos el 26 de abril de 1919.
Tampoco es cierto que su nombre fuese Eva Duarte. Ese era su nombre artístico.
Se llamaba, en realidad, Eva María Ibarguren.
Vidal Mario – Periodista y escritor
Fuente: Diario Chaco

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